La incontinencia
de orina constituye un problema médico de particular
importancia en la población femenina. Se convierte en
un problema clínico en la mujer de edad avanzada como
consecuencia de los traumatismos durante el parto, del
desarrollo de otras dolencias crónicas y de la pérdida
del estímulo estrogénico después de la menopausia. La
creciente expectativa de vida para la mujer ha determinado
la aparición del climaterio, etapa biológica donde empieza
a disminuir la frecuencia de la ovulación y la normalidad
de los ciclos, marcando el inicio de un período de deterioro
de la función ovárica en forma progresiva que conducirá
a lo largo de los años a la anulación de la fertilidad,
a la desaparición de la menstruación y a la disminución
paulatina de los estrógenos ováricos con sus consecuencias
sobre el organismo femenino.
Durante
la última década del siglo XX se ha empezado
a saber que el estrógeno no solo tiene influencia en
el útero, vagina, glándulas mamarias, hipófisis sino
que también participa en las funciones del metabolismo
óseo, en la función cardiovascular, en la función cognitiva;
y además en la continencia urinaria. Al principio de
los años 90 los estrógenos se utilizaban fundamentalmente
con criterio de prevención de enfermedades cardiovasculares
y óseas en la mujer posmenopáusica. Los hallazgos del
estudio "The Women's Health Initiative" (W.H.I.)
sobre los efectos a largo plazo de la terapia de sustitución
hormonal, ha dejado a el tema en una continua revisión.
En
la actualidad los estrógenos no se deben realizar con
criterio preventivo de las patologías de la postmenopausia,
pero si se admite su empleo con criterio terapéutico
en los casos que esté justificado.
El
ginecólogo actual debe estar preparado para enfrentar
el creciente problema de la incontinencia urinaria femenina,
y preparado desde una perspectiva terapéutica tanto
médica como quirúrgica.
Los estrógenos ocupan un lugar importante dentro de
los tratamientos médicos de la incontinencia de orina